
Eduardo tiene 21 años, está preso en el Reclusorio Preventivo Varonil Norte y es homosexual. A finales de octubre pasado fue víctima de una violación en la que participaron al menos ocho reos.
Intentó denunciar el ataque a las autoridades del penal, pero antes de que llegara con el director José Alfredo Lara Guerrero, el jefe de custodios, Alfredo Marín Suárez, se lo impidió al asegurarle que no recibían homosexuales y le ordenó a otros tres reos lo agredieran de nuevo.
El caso llegó, semanas después, por denuncias anónimas de otros internos a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, y hasta el periódico REFORMA lo publicó.
Han pasado cuatro meses de eso -el próximo 21 se cumplen cinco del ataque- y hasta hoy se mantienen impunes la violación y las agresiones físicas y verbales a Eduardo, así como la homofobia de la que fue víctima por parte de funcionarios del Distrito Federal.
A finales de enero se le preguntó a la segunda visitadora de la CDHDF, Rosalinda Salinas, encargada del caso, en qué iban las investigaciones así como el estado de salud de Eduardo o Sandra, como se le conoce en el reclusorio.
Ella aseguró que la violación está comprobada tras revisar las listas de atenciones médicas del penal, que la Comisión se ha entrevistado varias veces con la víctima, quien reiteró la discriminación por parte de las autoridades y que su salud pese a que no ha permitido la revisión física, es buena.
Rosalinda Salinas señaló que Eduardo se negó a seguir con la tramitación de la queja, lo que, dijo, muestra el miedo y la desconfianza ante lo que le puede suceder dentro del penal si reclama.
El joven de 21 años, lamentablemente, desistió de la protección que se le puede brindar a reos pues, explicó la funcionaria de la CDHDF, muchas veces esto implica la restricción para acudir a actividades laborales o educativas.
A la Subsecretaría de Sistema Penitenciario, que encabeza Celina Oseguera, se le pidió desde hace un mes su versión. Que confirme o desmienta la discriminación de los funcionarios del Reclusorio Norte y dé a conocer si ha habido algún castigo para los violadores.
La respuesta aunque no ha sido negada, no llega. La Subsecretaría no conoce del caso y señala que busca información para poder emitir alguna opinión, lo que sólo deja sospechas pues fue la propia visitadora quien comentó que se reúnen constantemente para tratar este tipo de casos.
La CDHDF mantiene abierta la investigación por la gravedad del caso, pero reconoce el impasse en el que está por la negativa de la víctima a hablar. Por ahora lo que hace es visitarlo para “generar las condiciones” que lo ayuden a cambiar de opinión.
Eduardo, más allá de estar recluido, vive un infierno por ser homosexual y no poder ni exigir su derecho a expresarlo y ser como es. ¿Qué tan mal la pasará que ni del tema habla?
Por coincidencia y buenas voluntades, este caso llegó a la Comisión y se investiga pero ¿cuántos más han sido víctimas de hechos iguales o peores y por temor lo callan?
El caso de Eduardo es algo que urge resolver, pero es sólo la punta del iceberg. El pendiente es acabar con la discriminación y la homofobia en las cárceles que si aún no la vemos, no es porque no exista, sino porque vive invisible.
Falta de explicaciones
Lamentamos, sin asegurar razones, que este fin de semana Raúl Plascencia no tomara la llamada de un medio LGBT para hablar de la reforma en el Senado
Mal se veía que por tratarse de la diversidad sexual nos atendiera el encargado del programa de VIH Sida, cuando el tema no tenía que ver con el virus.
Pero la CNDH se disculpó y aseguró que faltó dar una mayor explicación. El ombudsman no atendió la llamada por problemas de agenda, pero estará encantado en hacerlo en la siguiente oportunidad… ya que seguro habrá otra.
Por Francisco Iglesias.





